Paco:
Cuando no sabía que había que secarla convenientemente, tuve que limpiarla una vez con lejía. Enjuagándola bien, desapareció el sabor fácilmente.
Desde entonces, después de cada uso la escurro y seco convenientemente, y no he vuelto a tener la necesidad de limpiarla de ese modo.
Por tanto, creo que no hace falta complicarse tanto la vida con productos especiales.
Eso si, la dificultad radica en saberla escurrir y secar bien. Tiene su truco.
Un saludo.
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